De Feijóo al iliberalismo gerontocrático

Hoy, 10 de septiembre de 2025, Alberto Núñez Feijóo cumple 64 años. Si el golpe mediático-judicial ordenado por Aznar («el que pueda hacer, que haga») acaba triunfando y en 2027 PP+Vox se alzan con el Gobierno, Feijóo comenzaría a presidirlo con 66 años de edad.

Adolfo Suárez fue investido democráticamente Presidente del Gobierno en 1977, tras las primeras Elecciones democráticas tras el fascismo, con 45 años de edad; Leopoldo Calvo-Sotelo fue investido con 54 años de edad; Felipe González lo fue por primera vez con 40 años de edad; José María Aznar tras el primer golpe blando del PP y después José Luis Rodríguez Zapatero ganaron sus primeras investiduras ambos con 43 años de edad; Eme Punto Rajoy fue investido Presidente del Gobierno por primera vez con 56 años (el mayor hasta ahora, y aún así 10 años menor que los que tendrá Feijóo en 2027); y Pedro Sánchez fue investido Presidente por primera vez a sus 46 años de edad.

Y desde que se restauró la democracia ningún Presidente se ha mantenido en el Gobierno más allá de los 63 años de edad que alcanzó Rajoy (en 2027 Sánchez tendrá 55 años).

No es la tradición política de los españoles. Desde que cayó la gerontocracia fascista de Franco, los españoles confiamos en la edad que se encuentra entre la juventud y la madurez, el tramo entre los 40 y los 56 años. Es lo que nos transmite confianza: energía y seguridad. Y es lo que nos representa: la última edad media registrada de los españoles ha sido de de menos de 46 años.

Y en la derecha lo saben, y son conscientes de lo disruptivo que sería tener un Presidente del Gobierno que comenzase su legislatura con 66 años para terminarla con 70, o 74 si es reelegido una vez, casi octogenario si se perpetúa al convertir España como pretenden en un régmen iliberal, como los de Trump, Putin, Netanyahu o Erdogan, septuagenarios todos.

Por eso el equipo de Feijóo está lanzado a rejuvenecer su imagen y por ello su operación de vista para prescindir de gafas, aunque tan torpemente que a veces le queda ridículo cómo le visten para reportajes fotográficos o los vaivenes en el color de su pelo (que a veces aparece tintado con mechas claras para atenuar la ya generalización de sus canas) que no consigue disimular la incipiente calva de su coronilla y la creciente pérdida de frondosidad en el resto de la cabeza, que nunca encontraréis en las imágenes que os ofrezca el brazo mediático de la derecha, que por el contrario las filtra para que no conozcamos las arrugas y flacidez propias de su edad y que llevadas con naturalidad hasta aportan atractivo, al que forzados a impostar juventud éstán renunciando en el PP.

Es lo que nos quieren imponer.